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Mi padre fue muy bueno, me donó su alegría ingenua, su ironía amable, su risueño y apacible candor. ¡Gran ofrenda la suya! Pero tú, madre mía, tú me hiciste el regalo de tu suave dolor.
Tú pusiste en mi alma la enfermiza ternura, el anhelo nervioso e incansable de amar; las recónditas ansias de creer; la dulzura de sentir la belleza de la vida, y soñar.
Del ósculo fecundo que se dieron dos seres el gozoso y el triste, en una hora de amor, nació mi alma inarmónica. Pero tú,madre eres quien me ha dado el secreto de la paz interior.
A merced de los vientos,como una barca rota va, doliente, el espíritu. Desesperado,no. La placidez alegre poco a poco se agota; mas sobre la sonrisa que me dio el padre, brota de mis ojos la lágrima que la madre me dió.
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